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06
Vie, Dic

Hace una semana rotaba por redes sociales un video distópico y aterrorizante que mostraba imágenes del Esmad atacando a la ciudadanía, con una voz en off que decía: “La gente nos dice en la calle que somos fuertes y, sí, realmente lo somos, porque somos más que un grupo de policías dispuestos a darlo todo, somos una familia y eso es lo que nos hace fuertes”...

La realidad de Venezuela no es un problema político entre chavistas y opositores, ni siquiera es un problema económico, ni es un conflicto ideológico entre capitalistas y socialistas, ni tampoco es por el miedo que de ello subyace, con la pesadilla onírica desfasada de unos cuantos, de una presunta imposición comunista; la realidad de todo, parte de un problema global hegemónico, entre un sistema capitalista desfasado que muere...

Lo que viene sucediendo desde el 23 de enero de este año en Venezuela es extremadamente grave, porque se ha puesto en marcha un golpe de Estado para derribar a un gobierno legítimo y legal, con la finalidad de imponer a un títere incondicional a los Estados Unidos. Ese proceso no puede considerarse, de ninguna manera, que discurra por los cauces normales de las relaciones diplomáticas de los Estados, ni que respete los principios de no injerencia ni intervención en los asuntos soberanos de los países...