Opinión

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Por: Cecilia Orozco Tascón

O el psiquiatra perdió la cabeza o su consciencia lo obligó a confesar lo que vio, compartió y patrocinó en silencio. Sea como sea, es raro que apenas empiece a descubrir la cara del mundo al que perteneció.

Cabe otra posibilidad: que esté intentando, mediante la exhibición de las culpas de los demás, evadir la suya, ahora cuando necesita hacerse el loco para evitar su responsabilidad penal. En cualquier caso, en su entrevista con El Espectador Luis Carlos Restrepo dice tantas atrocidades de sus compañeros de gobierno, que aun quienes hemos observado la descomposición que sufren los hombres con poder, nos asombramos de que —si son exactas sus apreciaciones— semejante pandilla hubiera podido mangonear este país con la popularidad que obtuvo simultáneamente.

No hay que olvidar la magnitud del encantamiento que el 85% de los ciudadanos padeció durante esos ocho años. Por el contrario, es sano recordar que estuvo a punto de llevarse por delante las leyes, la Constitución y las normas de la simple convivencia para perpetuar el régimen. Hoy, esa mayoría también critica a sus antiguos admirados mientras se acomoda, pragmática, al estilo del nuevo gobernante pero poniéndole sordina a las palabras de Restrepo para no sentirse igualmente culpable. Repasemos, pues, la lectura de Restrepo, empezando por la ejecución extrajudicial que habría ordenado el jefe de Estado:

• “…no recuerdo quién le llegó a Uribe con la denuncia de que había un tal Macaco en Caucasia… El presidente se enfureció, levantó el teléfono, llamó al ministro de Defensa y dio la orden de perseguirlo y darlo de baja”.

• Sobre los más altos oficiales: “(los jefes paramilitares)… decían abiertamente: ‘nosotros tenemos bajo sueldo a los generales’”.

• Sobre el general Montoya y el viceministro de Defensa: “…habría que dar un debate nacional (en torno a los falsos guerrilleros del frente Cacica Gaitana) porque si la inteligencia militar se deja embaucar…”. “Sergio Jaramillo, el viceministro, siguió trabajando con algunos (desmovilizados). ¡Que digan por qué les dieron tanta credibilidad!”.

• Sobre los ministros del Interior Sabas Pretelt y Fabio Valencia: “Sabas estaba en su juego (frente a los paramilitares) y Uribe cometió un error político muy grave (porque Pretelt) venía del Caguán como Valencia Cossio... Cosas de la política que… me producen vértigo”.

• Sobre el general Naranjo: “es un sepulcro blanqueado… Me lloró una vez en su oficina, pero les creo más a las lágrimas de Mancuso que a las suyas”.

• Sobre Juan Manuel Santos: “era un enano político… ¿Qué sabe hacer? Manejar la clase política. Es un mago en el país de la mentira, donde todos estamos bien mientras nos damos puñal por debajo”.

• Sobre los congresistas uribistas: “son tan perversos que las que me hizo Mancuso… son nada frente a lo que me hicieron estos políticos. Si no hubiera pasado por la U me hubiera quedado sin conocer la otra maldad”. Termina Restrepo —quien vuelve a descalificar a la fiscal, a su marido, al abogado Abelardo de la Espriella y a muchos más— con una frase lapidaria: “estuve por equivocación en el gobierno…”. Muchos visos de verdad pueden tener las afirmaciones del excomisionado. Tantos, que dan “vértigo”, como llama él al mareo que produce su relato. Lo que no se entiende es por qué Restrepo presume que si se enfrenta al monstruo de mil cabezas que creó con su entrevista, le irá mejor que asumiendo su proceso judicial. Probablemente sus declaraciones son un abrebocas y, en realidad, está advirtiéndoles a sus excolegas lo que podría revelar si termina en la cárcel. De todas maneras, su papel de víctima no casa con sus actitudes en la época de gloria. Quien vive entre la miel es porque le place.

Tomado de: http://www.elespectador.com